Para realizar nuestro experimento necesitamos un huevo de gallina fresco y vinagre.

Se mete el huevo de gallina en un recipiente y se cubre con vinagre. En unos segundos se forman unas burbujas en la superficie del huevo.

Transcurridas unas 24 – 48 horas sacamos el huevo del recipiente y lo lavamos con agua.
Vemos que el huevo pierde la cáscara, aumenta de tamaño y adquiere una consistencia gomosa. Si se presiona con los dedos el huevo se deforma sin romperse y si se deja caer desde una cierta altura botará sin romperse.

Explicación:
El ácido acético del vinagre reacciona con el carbonato cálcico de la cáscara del huevo produciendo dióxido de carbono (las burbujas de gas que se desprenden en la cáscara del huevo) Con la cantidad de vinagre suficiente desaparece toda la cáscara de huevo.

La ósmosis explica el aumento de tamaño pues el agua contenida en el vinagre entra en el interior del huevo por la membrana semipermeable que lo cubre.



Para realizar nuestro experimento necesitamos una botella de cristal, un tapón de corcho, un par de tenedores y una aguja.

En el corcho que cierra la botella clavamos verticalmente una aguja y sobre la cabeza de la aguja colocamos otro corcho que tiene clavados lateralmente un par de tenedores.

El tapón de corcho con los dos tenedores se mantiene en equilibrio sobre la cabeza de la aguja.

Se puede hacer girar el tapón de corcho sobre la cabeza de la aguja y si se inclina la botella se mantendrá el equilibrio.

El conjunto mantiene en equilibrio ya que el centro de gravedad está más bajo que la cabeza de la aguja (el punto de apoyo)